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Julio 200928 Jul 2009
Chicas, tenemos que hacer de tan sólo una semana el mejor verano de nuestras vidas. Prometedme que pase lo que pase vamos a estar juntas. Hay que hacer un millón de planes, y sobre todo, soñar despiertas.
27 Jul 2009
Pienso que podría quedarme allí sentada, mirándole. Y nada más. Solamente contemplando su cuerpo, perdiéndome en el mar que ofrecen sus ojos de un color azul infinito, recorriendo con la mirada el paraíso de sus labios, adivinando sus pensamientos, soñando con la locura. Pienso también que por más que le observara no me cansaría nunca de tanta perfección. Podría pasarme mil horas mirándole... Y no me cansaría nunca. Y no es un sueño, porque esa persona existe, ¡y tanto que existe! Aunque ojalá lo fuera, así despertaría y me daría cuenta de que no es real, que ÉL es alguien imposible de alcanzar. Pero no. Esto es la realidad... Y me gusta lo que hay en ella, porque ÉL me hace suspirar como no lo había hecho por ningún otro, porque LO AMO y ya está. Sin embargo hay un problema: como he dicho, se trata de la realidad; pero es una realidad inalcanzable.
Da igual. No me importa. Suspiraré las veces que sean necesarias.
22 Jul 2009
Tener la capacidad de amar a alguien, sin medidas, sin reservas, sin intereses. Amar por amar. Amar porque sí. Tener el privilegio de amar y de soñar despierto, de vivir en un sueño que creíste imposible. Y es que se puede amar de tantas y tantas formas... Está el amor a la familia, a los amigos, al trabajo, a la naturaleza, el amor hacia uno mismo...
Y luego está ese amor, al que siempre nos referimos cuando decimos la palabra "amor": el que se siente por una persona, esa persona con la que te gustaría compartirlo todo, a la que te gustaría entregarte tal vez para siempre, a la que le das todo tu cariño sin esperar nada a cambio. Es esa clase de amor que te puede llevar al cielo o al infierno. Que te puede ser correspondido, o que no lo sea. Que también puede ser platónico, o real. Que te puede hacer llorar de felicidad, o de tristeza. Que te lo puede dar todo, o te lo puede quitar y dejarte sin nada, ni siquiera sin consuelo. Que puede ser idealizado, o realista. Que puede ser estúpido, o que te hace hacer estupideces. Sí. Ese mismo.
Al principio sientes un extraño no sé qué. Como si mil mariposas bailaran en el interior de tu estómago. Y piensas: "¡Coño! ¿Cómo he podido vivir sin conocer a esta persona durante toda mi vida hasta ahora?". Y te propones conocerlo. Y te retas a ti misma a que no hay huevos a intentarlo. Hasta que al final, sin saber cómo, o sabiéndolo demasiado bien pero te haces la tonta, acabas conociendolo. Sí, sí: al final con echarle algo de huevos, con tu mejor sonrisa ensayada miles y miles de veces frente al espejo, con autoconvencimientos, y con ánimos de acuarela de los que te rodean, lo conseguiste. Pero... Y ahora ¿qué? Pues lo de siempre. Sigues adelante con tu proyecto. Porque ahora ya no es esa persona tan perfecta. Por ley de vida ese hombre pasa a ser tu proyecto amoroso. Y lo más gracioso de todo esto es que, cuando por fin has logrado enamorar a ese hombre, te das cuenta de que no. No, no y no. No era para ti. Y empiezas a encontrarle defectos y más defectos. Hasta que decides dejarlo. Y luego te arrepientes y empiezas a preguntarte cosas que seguramente nadie pueda responderte. Entonces un día te lo encuentras por la calle, tú vas sola, pero él va acompañado de otra. Y por si te hubieras arrepentido poco, ahora te arrepientes todavía más. Mucho más. Así que decides fumarte un cigarrillo, o la caja entera. Pones rumbo a ese garito, dispuesta a beberte un par de copas, y las que hagan falta. Y cuando quieres darte cuenta, estás despertándote en tu cama, y te miras al espejo y te ves despeinada, con unas ojeras que te llegan hasta las tetas. No puedes seguir mirando tu reflejo. Así que te levantas e intentas hacer una obra de arte con tu cara, cual Da Vinci y su Gioconda. Lamentablemente, tu esfuerzo es en vano. Y te diriges hacia el congelador. Perfecto: encuentras esa tarrina de helado de chocolate gigantesca. Y decides comértela mientras ves la típica película romántica-melodramática que te hace llorar hasta quedarte seca. Pero tranquilos. Que esta historia siempre acaba bien. Al final lo acabas superando. Porque otro día te encuentras con otro, y empiezas a sentir de nuevo esa danza en tu tripa. Pero... ¿Seguro que son mariposas? ¿No serán arcadas? ¿O gases? ¿O extreñimiento? ¿O algún otro síntoma estomacal? Total, que te toca revivir la misma historia una y otra vez. Y normalmente esa historia suele durar entre cuatro y siete meses. Y el intervalo entre cada historia suele durar aproximadamente unos dos o tres meses.
Así que personalmente, yo prefiero cualquier tipo de amor, menos este. Culaquiera que sea menos doloroso. Uno que no sea tan banal como este, que con el paso del tiempo cada vez lo es más y la gente se piensa que... ¡Yo qué sé! Ya no sé ni lo que pensará la gente al respecto. Y sinceramente, visto lo visto, no quiero saberlo.
Sí... Bendito amor. ¿Verdad?
21 Jul 2009
Ahora empieza una nueva etapa. Algo completamente distinto. Y por un lado me da pena dejar atrás tantas cosas, sabiendo de la existencia de la posibilidad de que pierda esas tantas cosas. Pero por otro, siento ilusión de emprender un camino completamente desconocido, totalmente nuevo. Y miedo, esa cosa asquerosa que muchos de nosotros solemos arrastrar allá donde vayamos.
Aunque bien mirado... Seguramente, ahora que no conoceré a nadie, podré ser quien yo quiera. Me da igual. Si quiero ser una persona segura de sí misma, lo voy a ser. Si quiero ser una persona divertida, lo voy a ser. Si quiero ser una persona trabajadora, lo voy ser. Si quiero ser extrovertida, lo voy a ser. Pero siempre siendo yo misma, sin engañar a nadie.
(Maldita burocracia...)
Ciudad nueva. Gente nueva. Universidad nueva. Yo nueva... Sí. Seré quien yo quiera ser.
17 Jul 2009
Ahí estábamos los dos. Uno frente al otro. Mis ojos preguntándoles a los tuyos un porqué, buscando una respuesta. Y recuerdo que permaneciste callado un minuto eterno; hasta que por fin tus labios se despegaron, aunqe no supe descifrar muy bien para qué. ¿Acaso para hablar porque tenías algo que decir? ¿O quizás para besarme y callar mi silencio? Y cuando todavía estaba valorando las posibilidades, suspiraste. Todavía estábamos ahí quietos, enfrentando nuestras miradas. Y detrás, una cama. Estaba la cama, pero faltaban las ganas. Por eso, porque no rompiste mi silencio, di media vuelta y atravesé el umbral de la habitación, con piernas de gelatina, con el alma hecha trizas. Al cabo de unos minutos sé que te sentaste en aquella cama y que también miraste al techo. ¿Pensabas? No lo sé. Lo único que sé es que me dejaste tan deshilachada como la niña que abandona su muñeca de trapo (
¿fui para ti una muñeca de trapo? sé que la respuesta es afirmativa, no sigas) y que jamás te despediste.
De todo aquello hace ya bastante tiempo. Antes me costaba recordarlo, incluso lloraba al contarlo. Pero el tiempo hizo su trabajo. Así que ahora todo eso ya me es indiferente, y puedo volver la vista atrás sin que me duela aquí adentro. Hoy soy más fuerte que ayer. Y no necesito la compasión de nadie, ni siquiera la mía propia. Atrás quedó el ayer, y atrás quedó todo lo demás. Es algo con lo que no me cruzaré en el camino. Ahora hay que seguir, hay que continuar.