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Es más fuerte la esperanza.
Es más fuerte la esperanza.
Y dices que nunca te enamorarás. Yo te digo que ojalá algún día lo hagas, que ojalá algún día te des cuenta de que tú también eres capaz de amar. Ojalá algún día te enamores y conozcas lo que es el amor. Porque el amor, aunque también se sufre, es algo tan extraordinario, maravilloso y fabuloso, que hasta tú mereces saber lo que es. Y pienso en los errores. Todos los cometemos. Y aunque no sé muy bien quien de los dos lo cometió primero, somos culpables los dos. Uno por empezarlo y el otro por continuarlo. Yo por encapricharme de ti, y tú por creer estar haciendo lo correcto al alejarte para no ilusionarme. Pero, lo único que sé a ciencia cierta, es que si no cometiéramos errores, no avanzaríamos en el camino.
Me contradigo tantas veces, que a veces pienso que cualquier día de estos voy a volverme loca. He dicho tantas veces ya que paso. Tantas veces ha sido mentira, que no me fío ni de mí misma, que no sé si algún día lo diré de verdad. Ya no me creo cuando lo digo. Y me duele depender tanto de un capricho. Me duele no querer pasar. Me duele que sea más fuerte la esperanza que la voluntad. Me duele que vivir de un sueño sea más fuerte que la dura realidad.
Pero es que es más fuerte la esperanza.
Ese juego de princesas.
Ahora que el juego ha terminado estoy triste. Yo sólo quería divertirme y jugar. Pero como en todos los juegos, siempre hay alguien que pierde. Y una vez más me ha tocado perder a mí. Ya he guardado en el baúl ese vestido rosa, con los zapatos y la diadema conjuntados. Ahora suena la música. Esas canciones que tanto nos gustaban. Esas canciones que me hacen recordar buenos momentos. Y aunque dije que jamás volvería a sacar ese traje de princesas, hoy lo he vuelto a hacer: hoy he abierto ese baúl; hoy me he vuelto a disfrazar de princesa.
Ahora estoy sola. Ahora estoy jugando a ser princesa, pero falta el príncipe...
No volverás a morder el polvo a cambio de un beso.
Cuando te encuentras de pronto que la mierda ya te llega hasta el cuello. Cuando sientes que has tocado fondo. Cuando crees que ya no puedes hundirte más… Es entonces cuando te das cuenta de que nada de esto ha valido la pena, de que todo ha sido en balde. Abres los ojos, despertando del sueño o de la pesadilla, te miras al espejo. Y en ese reflejo ves a esa muñeca de trapo que algún día fuiste, o mejor dicho, que algún día decidiste ser. Pero no, tú ya no eres eso. Ni tus ojos saldrán rodando por la habitación, ni volverás a morder el polvo a cambio de un beso, ni te deshilacharás más. Porque no. Porque esto, tarde o temprano tenía que acabar. Porque algún día tendrías que despertar, abrir los ojos y descubrir la realidad. Esta realidad que te rodea, con sus cosas buenas, pero también con sus cosas malas.
Sé que esta realidad no te gusta, que no es la que esperabas. Aquí no están los castillos en el aire que dibujaste. Aquí tienes frío, tanto, que sientes húmedos tus huesos. Aquí la gente ha tirado por la borda, de un día para otro, los sentimientos, el valor de las palabras, el significado de un gesto. La gente ha tirado a la basura todo aquello que podría aportar una sonrisa, una mirada, una caricia, un abrazo, un beso… Entiendo que no te guste. Y si te soy sincera, a mí tampoco me resulta agradable.
Todavía sigues enfrentada a tu reflejo. Te observas. Estás despeinada y tu ropa… Tu ropa es digna de ser puntuada con números negativos. Y en cuanto a tu cara… Estás más horrible de lo que pensabas: tienes los ojos hinchados, rojos, vidriosos; la nariz roja también; los labios cortados, con las comisuras hacia abajo; la frente está arrugada de fruncir tanto el ceño. Es evidente que has llorado. Y del mismo modo que te vienen bien las cosas buenas, también llorar te sienta bien, aunque por fuera no lo parezca. Sé que no tuviste un hombro sobre el que llorar, y sé lo que es pasar por eso, pero tranquila, se acaba superando. Mírate, después de pasarlo tan mal por una tontería… Y aquí estás. Has sobrevivido.
Continúa haciendo frío en esta habitación. Aunque estás helada, no te mueves, sigues en el mismo sitio que hace quince minutos. Frente al espejo todavía, mirando, pero sin verte. Entonces suena el teléfono.
Es él.
…
¿Serás de nuevo su muñeca de trapo?
¿Volverás a caer?
La vida.
La vida, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Con derechos, pero con deberes. Con diversiones, pero con obligaciones. Y ahora toca el sprinte final. Ahora es el momento de cumplir nuestras obligaciones. Ahora más que nunca debemos esforzarnos al máximo. Porque ahora no queremos caer. Ahora no podemos quedarnos atrás en el camino. Ve a por aquello que quieres. Y lucha por ello. Porque el que algo quiere, algo le cuesta. Y sea cual sea tu sueño no debes rendirte, no seas cobarde y lucha. Cueste lo que cueste. Y si como yo, no tienes a alguien que te diga lo fuerte que eres y lo fuerte que tienes que ser ahora, si te hacen falta palabras de apoyo, lee esto. Quizás te ayude.
La vida es como los juegos de azar o como las apuestas: va a rachas, a veces se pierde y a veces se gana. Tenemos nuestras rachas de buena suerte, aunque también malas. Pero ahí estamos: jugando y apostando de nuevo, tanto si perdemos como si ganamos. Sin embargo, es necesario saber cuándo deberías dejarlo, pues podrías perderlo todo; aunque también has de saber cuándo deberías seguir jugando, porque arriesgando también se gana.
La vida es como una balanza. Unas veces equilibrada, y otras totalmente lo contrario. Dicen que las balanzas hay que saber equilibrarlas. Pero, éstas también tienen su lado positivo y su lado negativo, como los imanes. Cuando el plato de las cosas positivas es el que más pesa, no sirve de nada equilibrarlo. Pero si el plato que pesa es el de las cosas negativas, ahí sí que deberíamos tratar de equilibrarlo. Así que: o el equilibrio, o el desequilibrio a favor de las cosas buenas. Tenemos que ser egoístas algunas veces, le pese a quien le pese. Porque si no, jamás conseguiremos la felicidad, ni ningún sueño.
La vida es como la guerra: jamás te rindas ni des una guerra por perdida cuando quedan batallas que ganar a lo largo de toda una guerra en la que luchar. Hay batallas que perderás, pero también otras en las que saldrás vencedor. Y mucha gente comete el error que nunca jamás en la vida se debería cometer: retirarse de una guerra sólo porque hayas perdido una batalla. Queda mucho por ganar.
La vida es como una montaña rusa: hay días que estás arriba y días en los que te encuentras abajo. Y puede que en algunos momentos encuentres cierta estabilidad, pero después ya sabes lo que toca: o subir o bajar. Y cuando estés arriba, o también cuando estés abajo, recuerda: todo lo que sube, baja. Pero piensa que cuanto más alto subas, más dolorosa será la caída.
La vida y las cosas cambian. Y debemos aceptarlo.
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